
Mundo pequeñito donde habita el alma mía. Mundo
pequeñito, no encuentro un camino de
salida donde me guíen, dos manos extendidas. Tiene mares con espuma formada por
cristales de melancolía. Es su luna, el final de un túnel sin salida. Y en su
cielo, en vez de estrellas, brillan las lágrimas mías.
Mundo pequeñito, sin pájaros en vuelo. Un solo
colibrí, cambiaría esta soledad de hielo. Mi alma vaga sobre su suavidad de
terciopelo, busca un rayo de sol, que le de calor y consuelo.
¿Cómo pudiste mundo mío, volverte tan estrecho? que el
alma mía, no encuentra rostros conocidos, que vivan en mi recuerdo.
El viento me trae murmullos de voces y nombres, pero
mi garganta se ha apagado y no responde. Quieren saber lo que mi alma esconde, pero
eso, es solo dolor, no es para darlo al hombre. ¿Por qué les molesta mi imagen callada? cuando por
tanto tiempo, trataron de silenciarla. Hoy, mundo pequeñito, soy lo que
quisieron. Solo escucho y no digo nada. Lo que traigo adentro, es jaula
cerrada.
Si quieren saber lo que pienso; busquen en el cielo,
en el agua salada, en sus espumas bordadas. En los días que pasaron, sin que me
dijeran nada. En los momentos, en que los llamaba, y nunca contestaban. En el
viento, en el río, en mis sueños que escapan. En mis versos que cuelgan de las
ramas de los árboles, que su verdad esconden. En mis amigos, que no responden,
los he perdido, y no sé dónde. Sus voces están como la mía, calladas; las busco
cada madrugada.
Mundo pequeñito, solo tengo una lámpara con la luz de los que aun pronuncian mi nombre. Me recuerdan que también tengo alas, me piden que vuele, pero están tan lastimadas, que no las muevo, por lo que duele.
Mundo pequeñito, solo tengo una lámpara con la luz de los que aun pronuncian mi nombre. Me recuerdan que también tengo alas, me piden que vuele, pero están tan lastimadas, que no las muevo, por lo que duele.
Me quedo en silencio, mundo pequeñito, esperando que
el día mejore. Cuando el dolor se aleje.
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